La España de Rodríguez, Rajoy Brey y Botín vuelve por sus fueros. En todas partes leemos, vemos y escuchamos diagnosticados los males que dañan sus cimientos: el sistema educativo, el desprecio por la ciencia y la cultura no institucional, el mercado laboral y el modelo productivo, los años de juerga en que vivimos como nuevos ricos para los que no existía el mañana, el sistema de justicial, la corrupción política. Todo es consenso en este punto. Aún más signos de aquiescencia encontramos si pregonamos la necesidad de reformas, de cambios.
- Sí, sí. Es verdad, tiene toda la razón. Es urgente reformar el sistema educativo, el mercado laboral y el modelo productivo, despolitizar la justicia.
- ¡Y esos políticos… qué sinvergüenzas!
Si obviamos a la mayoría de plumillas, tertulianos y otros culiparlantes que se hacen llamar periodistas pero que no hacen más que emponzoñar el debate público, y aventar la ignorancia, que viven a las órdenes de la oligocracia política y obedecen a intereses más o menos espúrios y más o menos declarados quizá nos quede una cantidad importante de personas competentes y capaces de ofrecer tratamientos adecuados a la dolencia que aqueja su especialidad. El voluntarismo es, como mínimo, digno de admiración. Esfuerzo condenado a la esterilidad.
La sociedad civil vive raptada por un sistema político endogámico y viciado. No existen canales de expresión y presión política al margen de los oficiales, heredados de la estructura franquista del estado: partidos, sindicatos, oligarquía financiera. Los partidos políticos, que deberían ser el medio natural de expresión de las demandas de la sociedad y el canalizador de sus propuestas de reforma son hoy estructuras de poder en las que los requisitos para ascender en la jerarquía interna, por tanto para alcanzar eventualmente responsabilidades de gobierno, son contrarios al buen ejercicio de la política entendida como dirección de los asuntos públicos en beneficio del común de los miembros de una sociedad. En el mejor de los casos alumbrará una voluntad firme. En el peor, que es donde estamos, pusilánimes conspiradores sacarán pecho ufanos mientras el siguiente líder afila la cuchilla.
Si no se transforma la Monarquía de Partidos en un sistema abierto a la participación ciudadana, transparente, de poderes separados y control efectivo del poder. Hasta que la democracia no se instale desde abajo e impregne todos los estamentos de la sociedad (y no sea impuesta desde arriba, desde la clase dominante que eso y no otra cosa fue la Transición) cualquier intento de Reforma topará antes o después con la oligocracia dominante y acabará perdiendo su esencia, diluida entre los intereses de la Casta.
En tanto no se acabe con el hermético sistema partitocrático y seamos los ciudadanos quienes elijamos a nuestros representantes (no los Jefes del Partido quienes designen a los diputados y los electores sean meros distribuidores del poder entre opciones cerradas e impuestas) cada vez se harán más frecuentes escenas como las que vivimos estos días: la Ministro títere de Economía va a un periódico a reconocer sus errores y a suplicar que no les hagan más pupa; el brazo ejecutor en el partido del gobierno (Ministro de Fomento en sus ratos libres) es abducido por su archienemigo y ve conspiraciones planetarias para despojarles de sus trajes de Adolfo Domínguez; el presidente, Rodríguez, nos sorprende con una nueva ocurrencia diaria “a ver si esta funciona”; y una oposición cegada por el olor a sangre de la herida mortal no piensa en otra cosa que en su gloriosa venida.
Mientras, la cohesión social, el progreso económico y, más importante, el régimen de libertades amenzan con escaparse por el sumidero.
Los ciudadanos no eligen -ni controlan- ninguno de los tres poderes del Estado: el parlamento nombra el gobierno y el poder judicial, y los parlamentarios son escogidos por sus respectivos jefes de partido para figurar en las listas que éstos confeccionan. De ahí el divorcio inevitable entre la clase política y la sociedad civil.
Los partidos y los sindicatos son mantenidos por el Estado, por lo que de representantes de la sociedad civil o de los trabajadores, como deberían ser, se transforman en meros profesionales de la política o funcionarios orgánicos que ponen las arcas y las instituciones públicas al servicio de sus intereses privados.
Razón e Ignorancia, por Jesús Nava
Estamos convencidos de que el juego político es así. Quizá porque nos da miedo el cambio, quizá porque no conocemos otra cosa.
Suena No Prayer For the Dying, de Iron Maiden.


Miedo no, pavor. Más después de los 30 años de construir el castillo de naipes de Zweig. http://www.filosofiadigital.com/?p=8248
Creo que en el fondo de todo está la concepción misma de la vida y el sufrumiento. Pero eso son fangos de otros lodozales como usted sabe.
No pierda el rumbo en su combate. Su amigo le sigue.
Un abrazo,
JR
JR Gracia
Marzo 2nd, 2010
JR,
Zweig, imprescindible. ¿A qué extremo de sinrazón colectiva se llegaría para que un hombre tan extraordinario, amante de la belleza por encima de todas las cosas, me atrevería a decir que vitalista y optimista, se quitara la vida porque no veía una salida?.
Nos queda tan lejos casi todo…
Abrazo
Armando Morcillo
Marzo 2nd, 2010