Armando Morcillo

Tous les autres sont coupables, sauf moi.


Incluso la pluma satírica de George Orwell (su nombre de pila era Eric Blair) languidecería ante esta monstruosa elefantiasis del Estado niñera que el nuevo laborismo va a dejar como legado a Gran Bretaña, en sudecimotercero y, sin duda, último año de poder. Podría decirse que hablar de la protección de los niños frente a los malos tratos es escoger un mal ejemplo, sobre todo en una semana en la que una empleada de una guardería británica llamada Vanessa George ha sido declarada culpable de actos especialmente repugnantes en su trato con niños. Es evidente que no hay nada más importante que proteger a niños inocentes. Pero la verdad es que éste es un magnífico ejemplo del proceso por el que unas intenciones buenas y llenas de humanidad se traducen en respuestas malas y burocráticas.
Timothy Garton Ash, El País 21/12/09

Durante este año hemos asistido a lo que por primera vez en la Historia puede considerarse una gestión conjunta de problemas globales. Por partida doble: primero de manera embrionaria en Londres y Pittsburgh, donde se decidió que la solución al problema era retrasar la solución unos años;  ayer en Copenhague, seguro que se han puesto de acuerdo en algo… que no es en lo que hacer con respecto al supuesto calentamiento. Tampoco era la prioridad. Lo que aparentemente sólo podrían ser noticias para la esperanza tiene el peligro de resultar el golpe definitivo contra los  escasos y debilitados outsiders del estado.  De buenas intenciones, etcétera.

En un mundo que cambia cada vez más deprisa; en el que la información ha dejado de ser una ventaja competitiva para convertirse en una fuente de confusión, de ¿miedo?; en el que la amenaza de lo desconocido se atempera con cantos a la interculturalidad, a la tolerancia y, en definitiva, a las ventajas de la sedación legalizada; en un mundo ya completamente inabarcable lo hemos conseguido: insensibilizarnos empachados de sensiblería. Hemos acabado dejando en manos de políticos pagados por el estado el control del estado, en el convencimiento de que es bueno por naturaleza.

No, no es el cambio climático causado por el hombre, ni los conflictos armados en un mundo a todas luce cada vez más pacífico. El gran peligro de este siglo que empezamos tal vez sea el delegar todo el poder e influencia sobre nuestra esfera íntima en manos del estado niñera. En nuestra búsqueda incondicional de seguridad y salud hemos renunciando a los esfuerzos que supone una vida libre. Una vida en la que uno mismo, para bien y para mal, es dueño y responsable de sus actos.

La Autoridad Independiente de Salvaguardia británica (leed el artículo que encabeza esta entrada), la ley antitabaco o la Ley de Economía Sostenible y su ataque a derechos fundamentales españolas no son más que síntomas de una enfermedad mucho más grave. Una enfermedad que no estamos tratando.

…Sólo se entiende, de hecho, considerando la tentación de convertir los estados de Derecho en estados terapéuticos, legisladores sobre el dolor y el placer, donde lo que antes se imponía por teológicamente puro pueda ahora imponerse por médicamente recomendable.
Antonio Escohotado

La distopía de Moore no queda tan lejos a fin de cuentas.

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Suena Sácame de aquí, de Bunbury.

3 respuestas to “Sácame de aquí”

  1. Amén, pero nada de sácame de aquí, nosotros seguimos que se larguen ellos, los politicastros y sus cobayas mediáticas.Libertad e individuo.

    Gerard

  2. Gerard,

    Sí, seguimos. No nos queda otro remedio…

    Armando Morcillo

  3. No me dejes solo.

    JR Gracia

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